Por un Día del Odio. -Cabaret Voltaire-
![]() 16 de febrero de 2004 Por Leonardo Peralta*Dice Mafalda que no hay nada más triste que ser del montón que no quiere ser del montón. Así pues sería un poco incongruente caer dentro del cliché de quienes abominaron el Día del Amor y la Amistad y se metieron debajo de sus camas a la espera de que Cupido NO les flechara y desearon prenderle fuego a los puestos de flores, globos y demás basura amorosa de ocasión. Sin embargo, en lugar de la simple queja estéril, quiero aprovechar este espacio para proponer algo. Así como en Japón el 14 de febrero es la apenas la mitad de la celebración (la segunda mitad ocurre el 14 de marzo cuando los hombres le regalan a las chicas cajas de chocolates) creo que es necesario complementar el día de la miel con el día de la hiel. |
Me explico: desde que la televisión y todos los medios impresos han decretado el canon de lo que significa el amor, se ha creado una suerte de necesidad imperiosa de tener un día 14 de febrero pletórico de amor, de manos entrelazadas, de besos apasionados mientras el atardecer cae en este valle de tolvaneras y una noche de pasión llena de sexo húmedo y que concluya con el cinematográfico abrazo de los amantes entre sábanas de seda y cigarrillo opcional. Para quienes por situación coyuntural, amargura respecto del mundo o simple despecho e incapacidad sentimental no puedan tener una media naranja con quien expresar sentimientos “bonitos”, pues ya nos cargó el payaso porque seremos solos, no sabremos disfrutar la dulce tibieza de un beso ni los éxtasis de caminar: —los dos espumas y terciopelos—, como dice una canción de Plácido Domingo.
Explicada la situación, propongo que se decrete un día para expresar sentimientos “feos” como el odio, el rencor y la venganza. Seamos sinceros: uno sólo puede amar a una cantidad limitada de personas (quien cante eso de “Yo quiero un millón de amigos” de Roberto Carlos ya puede dejar de leer esto), pero el odio puede ser tan amplio como la bilis y el tiempo disponible del individuo. El amor puede estar en los padres, la familia, los amigos y aquellas personas que deseamos y amamos (el que los consigamos meter en nuestro corazón y nuestras sábanas ya es otro negocio). Pero el odio es tan amplio, tan enorme que una sola persona puede desear la destrucción de naciones enteras (lamentablemente ha existido quien haya logrado saciar este deseo insano). El odio no conoce tiempos ni espacios; es un sentimiento versátil que se acomoda a todo tipo de situaciones y puede ser expresado hasta regalando rosas… debidamente amputadas de su flor.
¿Qué cómo me imagino un Día del Odio? Veamos.
Todo comienza a las 6 de la mañana con la televisión o la radio emitiendo a todo volumen la canción del grupo Molotov titulada tiernamente Perra Arrabalera (pero ahora ya estas muy aguada / ya no hay quien te pele y estás amargada / contigo ya no siento nada / golfa, golfa interesada). Acto seguido pasamos a hacer llamadas telefónicas amenazantes a quienes nos han humillado, acosado, sobajado, estafado y despreciado, deseándoles una muerte larga y dolorosa.
Posteriormente podemos invitar a desayunar a esa personita especial una serie de platillos salados, quemados y si se puede, rellenos de purgante. Ello no sin antes abrir el buzón del correo y abrir las tarjetas de enemigos y conocidos que dirán frases como: te voy a partir la madre, que te jodas tu y toda tu parentela, eres una porquería, te deseo lo peor para este día, eres un marrano encorbatado, ni te imaginas lo que te espera cuando abras la puerta. Esto sin contar con paquetes que contendrán detallitos como plantas carnívoras, hiedras venenosas, flores hediondas, alimentos echados a perder, animales muertos o ya de plano granadas y paquetes con explosivos que se activen al abrirse.
Proseguimos nuestro día con una jornada de trabajo extenuante, llena de gritos y miradas altaneras para los subordinados y envidiosas para nuestros superiores. A las personas que nos dicen indirectas llenas de ácido les podemos regalar una tanda de garrotazos o de menos una cuartilla llena de mentadas de madre cocinadas a fuego lento. Para la hora de la comida son imprescindibles platillos pesados y muy condimentados como el mole negro de Oaxaca, el pipián con espinazo de puerco o las muy afamadas gordas de enchilada, capeadas en manteca y sumergidas en salsa de guajillo. Todo esto rebajado con una generosa porción de pulque blanco, una cerveza bien expuesta al sol o una soda a 30º de temperatura.
De regreso a las tareas laborales que culminen con una sesión de despidos y recortes de prestaciones (de preferencia ser uno el ejecutor) y el imprescindible intercambio de regalos que, en lugar de ser dictados por el azar, provengan de una lista secreta donde anotemos a nuestros enemigos, a quienes nos han hecho la vida de cuadritos y ante quienes tenemos cuentas por ajustar. De preferencia sugiero que el intercambio tenga lugar en forma de duelo y lo que se intercambie sean espadazos o en su carencia, simples sillazos. Al término de la sesión, una copa de yogurt pasado para brindar.
De regreso en casa (luego de un tráfico alevosamente pesado y pletórico de claxonazos) encenderemos la TV, que por única ocasión presentará programas de televisión donde el público podrá decir frente a la nación el inventario de sus odios para ser satisfecho a través de una llamada telefónica en son de broma de grueso calibre para la persona afectada; un noticiero donde se expusiera en forma de lista las compras inútiles de nuestros gobernantes, los criminales liberados por una torta de tamal y una selección de aquellos talk shows donde actúan fenómenos y actores pagados.
Al final de la jornada, como el odio no permite ser compartido, es preciso dormir solo, aunque quien no se sienta de ánimo para privarse de los placeres carnales recomiendo tener a mano una pila de revistas del más bizarro porno escandinavo, las obras completas de “Sensacional de microbuseros” o ya en el plano ultra hard core los últimos 10 números del Semanario de lo Insólito.
En fin, he propuesto un día extenuante, pero creo que más satisfactorio que regalar peluches de formas irregulares, chocolates desabridos, flores a medio secar o besos que se tornan fuegos labiales o infecciones de la garganta (como me pasó a mí… jejejeje!).
Pechuguitas presidenciales
La estrategia políticas de la temporada dice “la mejor defensa es el ataque”. Por tal motivo el Peje de Gobierno cuando fue acusado de pagarle demasiado a su chofer (o lo que sea), éste tomó la iniciativa y habló y habló y habló del asunto (explicándolo, aleccionando, exaltando) hasta dejar exhaustos a los reporteros de la fuente, quienes quedaron agotados, confundidos y hastiados del asunto. Ahora se lo pensarán dos veces antes de exponer algún otro trapo del Sr. López Obrador.
Apenas calmada esa ola vino el escándalo de la fundación Vamos México y su mandamás, la Sra. Martha Sahagún. Uno hubiera esperado que la señora se enconchara mientras algún vocero daba la cara sobre el asunto (que más que revelación fue la confirmación de un secreto a voces) de la caótica (por decirlo de manera elegante) forma de administrar los dineros que llegan a la Fundación Vamos México. Sin embargo la esposa del presidente se engalló (dada su condición, ¿será engallinó?) y comenzó una tour de media que la ha llevado a salir en programas de T.V., de radio, a dar entrevistas a medios impresos y a declarar en los eventos políticos donde ha participado que todo esto es un asunto de machos que no comprenden a las mujeres y de conspiraciones que sólo dañan al país (aunque a decir verdad no me siento dañado con el exposé).
De lo dicho no se puede sacar siquiera medio metro de argumentos realmente convincentes; todo es batir de pestañas y apelar a su feminidad como muestra palmaria de honradez. El colmo lo dio la semana pasada cuando apareció en el programa de una conductora (Talina Fernández) y donde la Sra. mostró que ni la cocina le sale bien: elaboró una receta de “pechugas presidente”, que parece no le salió demasiado bien. Pero no importa porque demostró que una mujer puede ser un prodigio de cocina sin perder el estilo discursivo y al mismo tiempo hacerse ver como una mujer liberada que encontró el verdadero amor (y de paso un poquito de influencias) al casarse con el Sr. Presidente, de quien ya dijo que no es un macho madreador sino un compañero en todas las facetas de la vida.
Y vaya que el Presidente no es un macho madreador. Más bien su estilo es de macho permisivo (si tal cosa existe)… y en eso estamos colgados de la lámpara los mexicanos. Pero Martha Sahagún, ella es harina de otro costal (aunque en secreto las Reinas de Polanco y las Lomas la detesten por naca y arribista, Guadaluoe Loaeza dixit)
*Leonardo Peralta es periodista especializado en Nuevas Tecnologías de Información
Notas relacionadas







Febrero 19, 2004 10:11
Estimado Pensador
Su crítica al 14 de febrero, sobra mencionarlo, es por demás pertinente y acertada. SU propuesta sobre la contraparte del día del odio y demás aborrecimientos, comenzó inspirándome y hasta vinieron a mi mente unas dos otres personas´, a las que sería grato enviarles alguno de los presente sugeridos, pero el yogurt descompuesto como brindis, ya fue demasiado para mi. Lo que es un hecho, es que espero no encontrarme en su lista sacra para uno de esos días.
Esperando leerle de nuevo en cualquier medio inteligente que decida publicarlo
la sibila