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Michoacán, un astronauta y la política tecnológica

Los sueños de una política científica permanecen tan alejados de nuestra realidad
Sociedad en línea

Por Leonardo Peralta*

El 5 de junio de 2004, Juan Hernández / NASA la norteamericana National Aeronautics and Space Administration (NASA) dio a conocer un grupo de potenciales astronautas que se encontraban en fase de entrenamiento en su proceso de convertirse en la nueva generación de astronautas norteamericanos. De entre la lista apareció el nombre de José Hernández, nacido en 1963 en la localidad californiana de French Camp hijo de inmigrantes michoacanos provenientes de La Piedad.

El currículum de José Hernández avala su candidatura rotundamente: Ingeniero Eléctrico por la University of the Pacific, posee una maestría en Ingeniería Eléctrica por la University of California-Santa Barbara. Además trabajó en el Lawrence Livermore National Laboratory diseñando herramientas para la detección del cáncer de seno en la década de 1990 y actualmente se desempeña en el Johnson Space Center como Jefe de Materiales y Procesos. Sin duda alguna una carrera que merece culminar en el espacio como parte del programa espacial norteamericano.

Mientras tanto, del otro lado del Río Bravo y especialmente en el Estado de Michoacán, José se volvió una celebridad instantánea; objeto de homenajes por parte del gobernador del estado y los notables de La Piedad, quienes lo nombraron ipso facto ciudadano distinguido y le pidieron, en caso de llegar al espacio, que lleve con él un símbolo de su tierra: el escudo de armas de la ciudad de La Piedad. Hasta este punto todo son sonrisas, abrazos y felicitaciones: maravilloso que un conciudadano (aunque sólo sea de corazón) viaje al espacio y se convierte en el representante de la raza cósmica de Vasconcelos allá en el cosmos, su lugar natural.

Sin embargo, analizando con mayor profundidad el asunto hay temas espinosos que discutir. El primero es que José fue expulsado de México de manera vergonzosa y humillante, no por medio de una deportación o bajo el acto de la represión, sino por el hecho de que sus padres tuvieron que emigrar a los Estados Unidos para conseguir mejores horizontes, en un acto que cada día es repetido (y a veces con funestas consecuencias) por cientos de compatriotas que tratan de llegar a los Estados Unidos para hacerse de una vida mejor.

En un hecho que por fuerza de repetición se ha vuelto cotidiano, la sociedad mexicana acepta como parte del destino la partida de miles rumbo al norte. El éxodo parece más bien algo cultural de los mexicanos, y a estas alturas lo es; pero también es preciso aclarar que cuando un mexicano sale de su país, lo hace contra su voluntad. No tengo bola de cristal, pero me pregunto qué habría pasado si los padres de José hubieran decidido quedarse en México a buscar las mismas oportunidades en esta tierra. La respuesta la dejo a su imaginación.

Pero además, quedan otras preguntas en el aire: ¿qué hizo la ciudad de La Piedad, el estado de Michoacán y nuestro México para ayudar en el éxito de Juan? La respuesta es lapidaria: lo que hicieron fue negarle oportunidades, someter a sus padres a la pobreza y arrojarlos fuera de nuestras fronteras. En la estructura social que vivimos (donde la palanca, el compadrazgo y el conecte son las herramientas comunes del avance social), Juan nunca hubiera podido llegar al borde del espacio en base a su mérito personal, a su inteligencia ni a su empeño. Por ello, resulta entre grosero y grotesco que quienes lo arrojamos del otro lado del Río Bravo ahora le pidamos que nos recuerde y nos lleve en su travesía que, en justicia, sólo debería llevar un escudo de armas, el de su propia familia.

Por otro lado y al calor de la situación, algunos científicos agrupados en la Sociedad Mexicana de Astrobiología solicitaron el 23 de junio de este año el desarrollo de una política nacional de desarrollo espacial con el fin de que los talentos que se van al extranjero se queden para ayudar al desarrollo científico y espacial del país. No dudo de las magníficas intenciones de nuestros científicos para que la ciencia ayude a este país, sin embargo, creo que sus buenas intenciones ilustran otro gran problema que nos mantiene como una nación científicamente pobre y tecnológicamente dependiente.

Las políticas de largo plazo en nuestro país son casi un mito ya que nuestro país se guía por un reloj que tiene apenas seis marcas en la carátula. Cada sexenio el país se reinventa a sí mismo y todo lo hecho anteriormente se tira a la basura. Lo mismo puede aplicarse a la política científica (cuando hay una); las necesidades del momento definen la política científica, misma que con pocos recursos y dirección errática termina por no llegar a ningún lado en cuanto a los beneficios de la investigación científica en el desarrollo nacional.

Brasil: del intento a la mala planeación.

De hecho, el modelo brasileño de investigación espacial demuestra que la mala planeación puede convertirse en un grillete en lugar de un estímulo. Brasil estableció su programa espacial (y su agencia correspondiente, el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais) en 1961 como una respuesta a los retos tecnológicos impuestos por naciones como los Estados Unidos y lo que era la Unión Soviética. Millones de dólares se han empleado en el desarrollo de tecnología espacial brasileña a lo largo de cuatro décadas a la par de proyectos científicos faraónicos derivados de los sueños de grandeza de las dictaduras militares como la creación de una bomba atómica nacional.

El resultado es que, si bien Brasil ha logrado ensamblar algunos satélites con tecnología autóctona y ha colocado su bandera junto con las demás naciones parte del proyecto de la Estación Espacial Internacional, también es verdad que sus intentos de diseñar y lanzar un cohete nativo al espacio exterior han fracasado sucesivamente, llevándose consigo la vida de técnicos brasileños (la explosión que destruyó el complejo espacial de Maranhao en agosto de 2003 se llevó 20 vidas) y dinero, que en un país como Brasil hace enorme falta para paliar carencias y resolver problemas tan urgentes como combatir la destrucción de la selva amazónica o asegurar un nivel decoroso de vida para sus habitantes.

Irónicamente, en Guyana Francesa (un vecino de Brasil) un consorcio de empresas aeroespaciales europeas llamado Arianespace lanza regularmente cohetes destinados a todo tipo de uso: desde investigación científica hasta telecomunicaciones. Brasil ha llenado de fe y de recursos su proyecto espacial, sin haber llegado todavía a la conclusión de que los viajes al espacio son proyectos cuyo índice de riesgo (sobre todo al desarrollar tecnologías nativas desde cero) requiere inversiones decididas y de muy largo plazo, así como un esfuerzo coordinado de instancias que van del sector educativo hasta la iniciativa privada. Ese es el camino que China ha seguido y que, aunque le ha tomado más tiempo, ha fructificado este mismo año al posibilitar que un ciudadano de esa nación sea llevado con los recursos de país al espacio.

Del otro lado del mundo, con apenas 20 millones de dólares (una bicoca, considerando los miles de millones de dólares que se invierten cada año en países como los Estados Unidos) el empresario Paul Allen y el pionero Burt Rutan llevaron a un hombre al borde del espacio con una nave bautizada como StarShipOne. Brasil apostó por una vía demasiado costosa para poder alcanzar las naciones más desarrolladas y demasiado onerosa y rígida para dar cabida iniciativas novedosas. De hecho, en los tiempos presentes del presidente Luis Inacio Lula da Silva se discute si vale la pena seguir adelante con las aspiraciones espaciales brasileñas con el fin de atender otros objetivos como el combate al hambre en esa nación.

La lección brasileña debería mostrarnos el camino a seguir: un desarrollo científico que apoyara decididamente unas pocas líneas de investigación muy cercanas a las necesidades del país en un programa de largo plazo que se. Sin embargo, en este país donde necesidades tan básicas como la seguridad tienen que ser exigidas a las autoridades, los sueños de una política científica permanecen tan alejados de nuestra realidad como el espacio exterior lo está del suelo que habitamos día con día.

*Leonardo Peralta es periodista especializado en Nuevas Tecnologías de Información

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  • 3 respuestas to “Michoacán, un astronauta y la política tecnológica”

    1. Sacnicte Bastida
      Julio 21, 2004 16:02
      1

      Mi queridísismo pensa:
      Esoy muy de acuerdo contigo en todo lo que cuentas, pero por qué tan pesimista con respecto al astronauta mexicano? A veces hay que tomar un poquito de esas situaciones para no sentir que el barco está a punto de llegar al fondo del mar y sobre todo para esa gente que ahora es un pueblo fantasma y sin recursos (igual que muchos en Michoacan)después de ser uno de los más ricos. Imagino la alegría de las personas Hay que dejarles un poquito, aunque el astronauta ni mexicano sea. Tienes todo el derecho en decirme que no estoy en lo correcto.
      Un besoteeee

    2. Rod
      Mayo 24, 2005 14:27
      2

      Mi estimado Sr. Peralta, si bien estoy deacuerdo sobre sus puntos de vista, lamento informarle que Brasil ya logro enviar un cohete con exito al espacio el VBS-30, a pesar del accidente de la base de Alcantara, pero si revisa la historia de los programas sovieticos (ahora rusos) y americanos, hubo bastantes fallos en el proceso. Tiene absoluta razón en que no se debe de emprender un costoso programa para ponerse a la par con las grandes potencias, y de hecho lo felicito por la prespectiva comparativa que nos hace de la baratura y efectividad de la empresa starshipone. Que de hecho es mas viable que siga México, de hecho el planteamiento es similar al que hicieron los rusos con el buran, al principio iba a ser diferente al tipo columbia, pero resulto siendo casi un hermano gemelo, sin embargo, la filosofia rusa fue: si ya existe un conocimiento previo porqure no aprovecharlo. No tanto como copiar, pero si ya tenemos respuestas que ahorran años de investigacion y un cierto conocimiento valido, es posible, rentable, y crea tanto un avance tecnologico como cadenas productivas. Donde estariamos sin materiales como el teflón, las aleaciones de titanio, aluminio y litio, sin la miniaturizacion. desde luego ya una base lunar o un viaje a marte si es una tomada de pelo de George Bush, pero el hecho es que la nasa no solo investiga la exploracion espacial, sino muchos otros campos, en apoyo con sus universidades y otras instituciones, asi que un país necesita avanzar no solo en base a cuanto cafe y oro produzca, o a cuantos zapatos hace, sino a cuanta tecnologia desarrolla. y eso esta historicamente confirmado, ahora como dice usted, es arriesgado vencer un reto como ese en una situacion de pobreza como la que tenemos, pero sin embargo, no olvide la revolucion verde que logro una pais comunista del sureste asiatico de cuyo nombre no quiero acordarme, pero logro un avance de una especie de arroz que se producia tan bien que era capaz de alimentar a todo el mundo, si bien el experimento salio mal y quienes se nutrieron fueron las plagas del arroz, eso es un avance. Ahora respecto al excelentisimo Jose Hernandez, ok, fue obligada su familia a emigrar, pero a pesar de todo el se dessarrollo en la adversidad y si revisa la historia, existen tantos inmigrantes y refugiados de renombre que solo con el ejemplo que cito a continuacion basta para darse una idea: Albert Einstein, Charles Chaplin y Henry Kissinger. Pero tambien esta un excelente cientifico de origen humilde yucateco que ahora no tengo el nombre, y se desarrollo desde el pais y ahora tambien ocupa un puesto importante en la nasa, sin olvidar al excelentisimo Ingeniero Rodolfo Neri Vela, de los primeros latinos en el espacio e inspirador de toda una generacion, para finalizar, un país no crece de criticas, crece por su gente, a un lado el malinchismo, el desapego y la flojera, tenemos que ser inmigrantes como los padres del meritorio José Hernández para ponernos las pilas, no, echenle ganas al estudio, al trabajo, a la familia, haganlo primero por ustedes, y buscando su bien, encontraran el bien de México.

    3. David Cazres Sanchez
      Octubre 21, 2007 14:41
      3

      Felicidades, es muy cierto lo que dices. Es triste y vergonsoso que digas eso de La Piedad, Michoacan y México pero es la verdad somo un pais mediocre que no aprovecha las grandes cosas que tiene. Que pena que personas como nuestro astronauta tengan que ser desterrados de su tierra y de su gente por defisiencias en el gobierno y la sociedad. Jose me enorgullese por que yo soy de la Piedad y yo tambien emigra a USA y ese pais sin inportarles de donde seamos nos brinda apoyo. México se queda en la ilusion de decir que son mexicanos pero no el decir que pudieron crecer aqui. Ojala y nuestro gobierno vea que es lo que se le escalpa de las manos y todos sigamos el empeño de Jose en nuestra tierra pero para esto hay que cambiar la tierra para que pueda crecer algo.

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